
Adentrarse en el corazón de Old Delhi, la villa amurallada, de más de 14 millones de personas que dio origen a la capital india de hoy, es entrar en un laberinto de callejones estrechos y sombríos.
Es un complejo de edificios resquebrajados que esconde templos blancos y dorados, mezquitas monumentales, mercados de especias y de joyas, restaurantes populares y fábricas de saris.
Es sábado. Son las 9:00 de la mañana. Los turistas empiezan a desfilar por las calles de Shahjahanabad, nombre con el que fue bautizada la ciudad antigua en el siglo XVII en honor del emperador mogol Shah Jahan, el mismo que ordenó construir el Taj Mahal en Agra.
La mayoría de los visitantes llega en auto-rickshaw, un triciclo motorizado verde y amarillo que es, desde hace más de dos décadas, el medio de transporte por excelencia en Nueva Delhi, ciudad en la que viven 14 millones de los más de 1.150 millones de habitantes de la India. El resto llega en carros particulares prepagados en sus agencias de viajes o en metro.
Ramesh, un joven de 19 años que es guía desde hace 10, se destaca entre quienes ofrecen tures en bicicletas para dos pasajeros conocidas como cycle-rickshaws. Después de un breve regateo, porque en la India hay que regatearlo todo, el sonriente Ramesh accede a cobrar 80 rupias por hora (menos de 3.500 pesos).
Entre buses destartalados, vacas sagradas, carretas que cargan desde frutos secos hasta televisores, elefantes y transeúntes de todos los estilos y colores, la bicicleta de Ramesh se interna en Chandni Chowk, la calle principal de Old Delhi. De repente, una cúpula dorada sobresale entre los techos de las construcciones que alguna vez albergaron residencias de lujo, y que hoy son locales comerciales.
Es Sis Ganj Gurudwara, un oratorio donde se reúnen los seguidores del sijismo, religión monoteísta que combina elementos islamistas e hindúes.
Hay que quitarse los zapatos, como en la mayoría de los templos, cubrirse la cabeza con una pañoleta y lavarse los pies y las manos. Una vez adentro, tres hombres con turbantes cantan al ritmo de un tambor, mientras un sacerdote de barba blanca asiente desde su altar de oro.
Tras pasar por una calle que enfrenta la estación de bomberos con el mercado de pólvora, se llega a Jama Masjid. Construida de arenisca roja y mármol blanco, la mezquita más grande de la India puede albergar hasta 25.000 devotos musulmanes, que en ramadán llegan de todo el país. Puertas colosales, torres de 40 metros y una pileta central hacen de Jama Masjid una de las joyas de la ciudad vieja.
La entrada es gratuita, pero hay que pagar 250 rupias (unos 10.000 pesos) para ingresar la cámara de fotos. De vuelta a la bicicleta, Ramesh se acerca a Khari Baoli, el mercado de especias más grande de Asia, y un olor fortísimo se apodera del ambiente.
Azafrán, comino, cardamomo, canela y todo tipo de plantas aromáticas se consiguen en esta plaza. Pero el de especias es sólo uno de los bazares que invaden a Old Delhi. Los hay también de joyas, de telas, de comidas, de antigüedades… Se pasa de uno a otro casi sin notarlo por callejuelas que se parecen entre sí.
Los más famosos son el de saris, donde se consiguen vestidos típicos desde 200 rupias (8.000 pesos); el de bodas, donde se ve a madres indias comprar el ajuar para el matrimonio de sus hijas; y otro conocido como el mercado de los ladrones, donde es posible encontrar productos de segunda mano, incluidas cámaras que fueron robadas en otros bazares.
Son las 3:00 de la tarde. Las calles de la densa Old Delhi se hacen intransitables. Hay que escapar del gentío. Swetamber, templo jainista (religión basada en el respeto por todos los seres vivos), está enclavado en un callejón silencioso de portones floridos. Aquí pasamos el tiempo, entre paredes de mármol, pinturas doradas y una cúpula de cristal.
A las 10:00 de la noche, por fin, Old Delhi se calma. Las calles parecen más anchas. Los andenes también, a pesar de las camas callejeras en las que duermen algunos habitantes de la zona. Mañana volverán los devotos, los elefantes y los turistas, ansiosos por descubrir la vieja Delhi.
Si usted va
Evite la muchedumbre y coma en Karim’s. A pesar de ser los días más coloridos en Old Delhi, los sábados las calles son demasiado congestionadas, a menudo intransitables, y los rateros hacen de las suyas. Para evitar aglomeraciones, empiece su recorrido temprano (9 a.m.) o vaya entre semana. La mayoría de los comercios no abre los domingos.
Tenga en cuenta que Nueva Delhi, ciudad en la que debe pasar al menos tres días para conocer sus jardines y monumentos, puede sobrepasar los 40 grados centígrados en mayo y junio.
Los mejores meses para viajar son octubre y noviembre, cuando la temperatura empieza a bajar. Recuerde comprar siempre agua embotellada, preferiblemente que tenga algún tipo de cubierta plástica sobre la tapa.
Si quiere un almuerzo bueno y barato, vaya a Karim’s. La revista ‘Time’ incluyó este popular restaurante en la lista de los mejores lugares para comer en Asia. Por 250 rupias (unos 10.000 pesos) le sirven excelente pollo o cordero. Avísele al mesero si no le gusta la comida muy picante. Y si cuando viaja es de los que creen que hay que imitar las costumbres de los lugareños, anímese a comer con las manos.